Constitucionalismo soviético (I). Fundamentos ideológicos

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El nacimiento del constitucionalismo soviético

La Revolución Socialista de Octubre supuso el advenimiento de un Derecho constitucional distinto. Hasta 1917, el Derecho constitucional en Europa y América había seguido en su desarrollo una única línea paralela: la del Estado liberal.

Con la Revolución Socialista de Octubre se rompió por primera vez esa identidad entre constitucionalismo y liberalismo y comenzó a elaborarse un nuevo sistema constitucional sobre supuestos políticos e ideológicos diferentes a los del Estado liberal, como consecuencia de la irrupción de una nueva clase dirigente, la clase obrera.

En Rusia, el peso de una tradición jurídico-constitucional diferente a esa tradición liberal era mínimo. La cultura jurídica del Occidente liberal, en general, y sus elaboraciones constitucionales, en particular, apenas habían penetrado en el Imperio zarista hasta el mismo momento de la Revolución socialista.

Tras la Revolución de 1905 en Rusia, en 1906 hubo un intento de reforma constitucional muy limitado. Sin embargo, los poderes del Parlamento y los derechos individuales apenas llegaron a aplicarse, ni siquiera con las limitaciones con que estaban establecidos en esa normativa, por lo que el periodo 1905-1917 fue conocido como “una apariencia de constitucionalismo”. De ahí que la unidad del Imperio zarista seguía siendo en 1917 más un orden personal y religioso que un orden político y jurídico.

La formación del Derecho constitucional soviético tuvo lugar, por tanto, sin precedentes internos derivados de una tradición jurídica propia y sin precedentes exteriores, dada la voluntad de romper con los modelos constitucionales dominantes.

Sólo podemos encontrar ciertas analogías con el constitucionalismo soviético en el constitucionalismo del breve periodo jacobino de la Revolución francesa, como consecuencia de la similitud en los métodos revolucionarios que se siguieron en ambos casos para la construcción de un nuevo Estado.

La singularidad del proceso constitucional soviético consiste en que aquel vacío de fundamentos jurídicos se trató de llenar mediante categorías normativas que eran, por una parte, deducciones de la teoría marxista y, por otra, respuestas a las peculiares necesidades revolucionarias de consolidación y extensión del Estado soviético.

Estos dos factores —ideológico e histórico— no tuvieron una influencia puramente acumulativa, sino que, como veremos a lo largo de una serie de artículos, se reforzaron mutuamente para el desarrollo de un orden constitucional no conocido a ese momento: el constitucionalismo socialista.

Presentamos de esta forma el primero de los tres artículos, Los fundamentos ideológicos del constitucionalismo soviético, para a partir de ahí, analizar dos momentos centrales: La Revolución Socialista de Octubre de 1917 y la Constitución de la RSFSR de 1918 para terminar con La Constitución de la URSS de 1924.

Los fundamentos ideológicos del constitucionalismo soviético

El Estado es, para el marxismo, una realidad histórica que corresponde a una sociedad dividida en clases antagónicas. En una sociedad capitalista, el Estado es para los marxistas, el instrumento político con el que las clases dominantes en cada momento histórico defienden su propiedad y sus intereses. No tiene el Estado, por tanto, un origen ajeno a la sociedad. Al contrario, es un resultado necesario de antagonismos sociales irreconciliables.

Para que esos antagonismos no acaben por disolver la sociedad misma es necesario, en efecto, un poder que, situándose por encima de ella, amortigüe el conflicto y estabilice las relaciones de dominación. Y así, concluirá Engels, aunque el poder político tenga su origen en la sociedad, acabará por colocarse encima de ella y por separarse cada vez más de la misma.

Si el Estado tiene su origen histórico en la lucha de clases, para que la cadena causal se complete, la teoría marxista concluye afirmando que la desaparición de las clases sociales abrirá un nuevo periodo de la historia, en el cual el Estado no será necesario, no tendrá razón de existir y, por consiguiente, desaparecerá. Y como las clases sociales tienen el fundamento de su existencia histórica en la propiedad privada de los medios de producción, la desaparición del Estado se conectará con la desaparición de esa apropiación privada de la riqueza social. En palabras de Engels:

“Cuando la sociedad sienta la necesidad de organizar de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual de productores estará el Estado condenado a convertirse en un trasto viejo”.

La desaparición del Estado no es contradictoria para el marxismo, en especial para el leninismo, ya que considera la necesidad histórica, tras la destrucción del Estado burgués, de la extinción definitiva de cualquier forma estatal, que sólo se producirá a través de un periodo de transición: la dictadura del proletariado.

En esta etapa de transición, el proletariado se apoderará del aparato estatal y lo utilizará para dominar definitivamente a la burguesía y edificar un sistema socialista que haga desaparecer los fundamentos económicos de una sociedad dividida en clases. La homogeneidad social se presenta, por tanto, como el objetivo que justifica la dictadura del proletariado.

La revolución proletaria no implicaría, en definitiva, la desaparición inmediata del poder político. Sin embargo, para Marx estaba claro que no se trataba solamente de que el poder cambiase de manos y que el proletariado utilizase los mecanismos del Estado tal y como se configuraban en la sociedad capitalista. La dictadura del proletariado precisaría formas distintas, apropiadas al carácter del nuevo poder. Para Marx y para Engels, la revolución no sólo iba a suponer un cambio en la naturaleza del poder de dominio, sino también, como consecuencia de ese cambio, la creación de una máquina original de poder, todo lo cual conduciría a “una nueva metamorfosis del Estado”.

Sin embargo, en el momento que la Revolución Socialista de Octubre triunfa, la teoría marxista aún no ofrecía un modelo acabado de instituciones políticas y jurídicas. Marx tan solo llegó a deducir algunos elementos válidos para esa organización a partir de la experiencia de la Comuna de París de 1871, los cuales serían recogidos y ampliados por Lenin en las vísperas de la Revolución de Octubre de 1917 con su obra El Estado y la revolución, aunque sin llegar tampoco a proponer un marco jurídico-político determinado.

La ausencia de una elaboración teórica previa se manifestó especialmente ante el problema que aquí nos ocupa: el de la formación de un nuevo Derecho Constitucional. Fue el propio Lenin quien justo después de la Revolución, planteó:

“La clase obrera, como cualquier otra clase tras la toma del poder, se disponía a consolidarlo mediante el cambio de relación respecto a la propiedad y mediante una nueva constitución”.

Para Lenin, la Constitución es un reflejo de la relación real de fuerzas en la lucha de clases, con lo que pretende superar la distinción idealista heredera de Kant, entre “el ser” de las estructuras de poder social y “el deber ser” de las estructuras normativas. Y la fusión de ambos planos en el Derecho Constitucional se correspondía con el objetivo marxista de salvar, mediante la dictadura del proletariado, la separación burguesa entre las instituciones estatales y la sociedad. Elemento central desde el que entender el desarrollo del constitucionalismo soviético: dar todo el poder político al proletariado.

De esta forma se abandona el constitucionalismo liberal, que se fundaba en la separación entre el Estado y la sociedad y cuyo objetivo decía controlar y reducir la expansión del poder para proteger “la libertad”. Para Lenin, esto no era más que un producto ideológico que persigue ocultar el verdadero motivo, que no era otro que defender la propiedad privada de cualquier control social.

Por el contrario, el nuevo Derecho Constitucional socialista reflejaría el proceso de identificación de lo político y lo social, de gobernantes y gobernados y, por ello, lejos de pretender limitar el nuevo poder proletario, la nueva constitución soviética se convierte en un instrumento al servicio de un poder único en manos de la clase trabajadora. El objetivo del Derecho Constitucional soviético sería traducir a normas la absorción de todos los poderes por parte de la nueva clase dirigente, la clase trabajadora, y el ejercicio del mismo a través de un nuevo tipo de órganos representativos populares.

La vigencia de la Constitución se va a valorar en la medida que sus normas fueran un reflejo de la realidad y es esta realidad la que modifica la Constitución, de tal forma que lo importante no son tanto las garantías formales de los derechos y libertades recogidos en ella, pues se considera que son las condiciones económicas, sociales y culturales garantizadas por el nuevo Estado socialista, las llamadas garantías materiales, las que realmente aseguran los efectos de tales derechos y libertades. De esta forma, para el Derecho Constitucional soviético, la Constitución no es sólo la norma rectora de la organización del Estado, sino también los fundamentos del sistema social y económico.

Si para el liberalismo la constitución se reduce, en último término, a un texto declarativo de valor puramente ideológico, un texto cuya razón de ser, es la de expresar los principios o ideas que rigen en la sociedad y en el Estado, sin mayor valor material; para el constitucionalismo soviético es precisamente esas garantías materiales de los derechos sociales, económicos y culturales su función principal.


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