Mujeres de Octubre (I). Hacia la Revolución

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«La experiencia de todo movimiento de liberación ha demostrado que el éxito de una revolución depende del grado de participación de la mujer».
Lenin

La Revolución Socialista de Octubre cambió la sociedad y la vida de Rusia, marcando en todos los órdenes la historia del siglo XX. Para las mujeres supondría un cambio radical, impensable en el resto de los países. La Revolución de Octubre “estremeció al mundo”. De qué supuso para las mujeres, cómo se produjo, cuáles fueron sus características y quiénes fueron sus protagonistas tratará esta serie de textos.

Cabe iniciar esta introducción señalando que, al considerar el papel de las mujeres rusas durante a la Revolución Socialista de Octubre, vemos emerger dos problemáticas de índole historiográfica. Por un lado, nos encontramos con la habitual ocultación de las mujeres en las sucesivas etapas y hechos históricos; de su participación en éstos o directamente de su mera existencia en el momento investigado. Por otro lado, nos vemos en la situación de acercarnos a la primera revolución socialista de la historia desde el actual contexto capitalista global, pasado ya el siglo XX y bien entrado el XXI. La combinación de ambos factores hace que el papel de las mujeres rusas, en un período tan crucial de la historia, pueda quedar doblemente empañado. Así, esta invisibilidad minimiza la enorme aportación realizada por ellas y por la revolución en favor de la emancipación femenina.

Ambas problemáticas han repercutido de forma negativa en la historiografía general, ocultando la participación histórica de las mujeres, a pesar de los esfuerzos del feminismo para evitarlo. Muchas mujeres, que participaron activamente en la Revolución de Octubre y en la etapa de gobierno bolchevique, son importantes figuras de la historia y la teoría del feminismo actual. En ese sentido, es de gran importancia conocer lo sucedido durante la etapa revolucionaria desde el punto de visto del análisis historiográfico y de género.

Las mujeres antes de la Revolución Socialista de Octubre

La situación de las mujeres en la Rusia zarista no era muy distinta a la del resto de Europa. Jurídicamente, las mujeres eran eternas adolescentes sometidas a esposos y padres. “Según nuestras leyes la mujer debe obediencia al marido y el poder de éste se coloca sobre el de los padres”, diría Alexandra Kollontai. Aún así, a lo largo del siglo XIX las mujeres rusas habían conseguido ciertos avances (las escuelas para niñas les proporcionaban educación religiosa, moral e intelectual). Consiguieron también el acceso a la educación secundaria y no existía ninguna prohibición para que acudieran a la universidad. Esto les permitió a algunas ejercer la medicina o ser farmacéuticas. En 1885 las mujeres rusas podían trabajar sin permiso de sus maridos, lo que supuso un aumento notable de la lucha por la emancipación femenina. Pero esto sólo afectaba a la burguesía.

Entre las trabajadoras estos avances no tenían ninguna repercusión. La tasa de analfabetismo rondaba el 50% entre obreras y campesinas. Las condiciones de las familias obreras eran de absoluta penuria y la mortalidad infantil era del 30% en el primer año de vida. Según un informe de 1898 de la Comisión Sanitaria de San Petersburgo, las viviendas de los trabajadores se encontraban en unas condiciones higiénicas deplorables. En las fábricas se hacían jornadas de 14 y 16 horas y en aquellas en las que trabajaban mujeres, se organizaban dormitorios para las que se encontraban solas y en las peores condiciones. La ausencia por alumbramiento no sólo no se protegía, sino que fue multada hasta 1890. En 1912 se consiguió la prestación por parto, con un total de 6 semanas de baja laboral. Los salarios eran en todos los casos inferiores para las mujeres, un 27% menos en el sector textil, llegando al 59% en el metalúrgico. La misma suerte corrían las empleadas en tiendas y las sirvientas. Éstas últimas, además de percibir sueldos miserables, solían dormir en la cocina o en el pasillo, comían las sobras de la familia y estaban expuestas a toda clase de abusos físicos y sexuales.

En 1914, año del inicio de la Primera Guerra Mundial, las mujeres eran el 26,6% de la mano de obra en las fábricas rusas. Como consecuencia del traslado de hombres al frente, la cifra aumentaría hasta el 43,4% en 1917. En ese mismo año en la capital rusa, Petrogrado, la mano de obra femenina ya representaba un tercio del total de la mano de obra industrial. Una quinta parte del trabajo en el sector del metal, así como la mitad en la industria química, era también desempeñado por mujeres. En otros sectores, como el alimentario o el textil, la proporción de mujeres ascendía a dos tercios del total de la fuerza de trabajo empleada. Unas 130.000 mujeres trabajaban en las fábricas de Petrogrado en el año de la revolución.

Conscientes de la importancia de gozar del apoyo del creciente número de trabajadoras y antes del ingreso de Aleksandra Mijáilovna Kollontái al Partido, un grupo de mujeres bolcheviques llevó a cabo en 1914 el intento prerrevolucionario de conducir a las mujeres a la acción política. Entre ellas estaban Nadezhda Konstantinovna Krupskaya, Inessa Fyodorovna Armand, Anna Il’inichna Ul’yanova-Elizarova, Liudmila Nikolaevna Stal’, Konkordiya Nikolavna Samoilova y Praskov’ia Frantsevna Kudelli. Crearon la publicación Rabotnitsa, específicamente dirigida a mujeres trabajadoras; pero pocos números después de su primera aparición, la policía zarista acabaría con ella.

Para febrero de 1917, con todos los cambios económicos, sociales y políticos, el modelo de mujer había cambiado mucho respecto de la Rusia plenamente agraria y feudal. El día 23 de ese mismo mes —Día Internacional de las Mujeres por entonces— las trabajadoras marcharon para exigir pan y arenques, reflejando así las necesidades más básicas de la población, cuyas condiciones económicas y sociales se habían hecho insoportables con la participación de Rusia en la Gran Guerra. Tras la revolución de febrero, muchos partidos políticos, entre ellos el partido bolchevique, fueron legalizados. Sin embargo, el hambre y la guerra continuaban bien presentes y el ambiente de protesta estaba lejos de disiparse. Las trabajadoras de las principales ciudades seguían siendo un importante apoyo para el proceso revolucionario. La publicación Pravda (órgano de prensa de los bolcheviques) retomó su actividad y a principios de marzo elogió las acciones revolucionarias de las mujeres de Moscú y Petrogrado:

«El 23 de febrero, el Día de las Mujeres, fue el día de la Revolución Rusa y el primero de la Tercera Internacional. Un gran día para los trabajadores del mundo. ¡Gloria a la Mujer! ¡Gloria a la Internacional! ¡Gloria a la gran Revolución Rusa!».

Entre estas mujeres elogiadas por Pravda se encontraban las integrantes de una organización femenina, ejemplo de la participación política de las mujeres, las soldatki. Éstas son casi siempre olvidadas por la historiografía, a pesar de guardar relación con un factor tan importante para el conjunto de los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial. Estas mujeres, esposas de los soldados enviados al frente, conformaban un movimiento heterogéneo con mujeres procedentes de distintos estratos sociales, como la soldatka trabajadora o la soldatka campesina. En ausencia de los maridos, sus condiciones de vida también habían empeorado. Una de sus demandas era el pago de la asignación estatal, algo que el gobierno no podía llevar a cabo debido a la mala situación financiera. Las soldatki, a pesar de no ser reconocidas como agente político y desde la periferia del poder, fueron parte destacable de la presión ejercida sobre los gobiernos provisionales posteriores a la revolución de febrero de 1917. La miseria, el descontento y la guerra seguían ahí, y la necesidad de medidas revolucionarias haría decantar la balanza a favor del partido bolchevique, que finalmente sacaría a Rusia de la odiada guerra tras el triunfo de la Revolución Socialista de Octubre.

Como vemos, la participación de las mujeres, tanto en la vida productiva como en la política y social, está estrechamente relacionada con el contexto histórico de la Rusia inmediatamente anterior a la Revolución de Octubre. A partir de ahí, las mujeres seguirían formando parte activa de los acontecimientos. El reconocimiento de su participación en los hechos nos ayuda a completar un cuadro más ajustado de este período histórico; que propiciaría muchos avances importantes para las condiciones económicas y sociales de las mujeres rusas, avances jamás vistos hasta entonces por las mujeres del mundo.

En el contexto de las celebraciones llevadas a cabo este año 2017 en torno a la Revolución Socialista de Octubre, consideramos oportuno profundizar en el análisis del papel de las mujeres en ella, así como del impulso que la Revolución dio a la lucha por los derechos de las mujeres. Destacaron en este campo las cuestiones relacionadas con la familia y el matrimonio. Es por esto que en próximas entradas iremos tratando los aspectos prácticos, teóricos, jurídicos y sociales de la historia de estas mujeres de Octubre y la Revolución de 1917.


Fuentes

  • Badcock, S.: “Women, Protest, and Revolution: Soldiers’ Wives in Russia During 1917”, International Review of Social History, 49(1), pp. 47-70 (2004).
  • Kollontai, A.: Marxismo y revolución sexual, Editorial Castellote, Madrid (1976).
  • Donald, M.: “Bolshevik Activity amongst the Working Women of Petrograd in 1917”, International Review of Social History, 27(2), pp. 129-160 (1982).
  • Ureta Redshaw, S.: “Educación e independencia de las mujeres en Rusia antes de la Revolución de 1917”. Tesis Doctoral. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, UCM (2016).