Construcción del socialismo (VI). El debate sobre la industrialización (1ª parte)

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… Viene de la Quinta Parte: Construcción del socialismo (V): la decisión de industrializar el país

EL DEBATE SOBRE LA INDUSTRIALIZACIÓN (1ª PARTE). LAS TESIS DE BUJARIN

Hacia la mitad de la década de 1920, en presencia de los primeros síntomas de recuperación económica, y con el precedente del debate suscitado por la crisis de las tijeras, la reflexión de los dirigentes comunistas se centró en la estrategia más favorable para desarrollar la industrialización de la economía soviética.

La estructura económica de aquel momento se basaba en el predominio de las relaciones de producción mercantiles que regían la producción agraria, convertida por la Nueva Política Económica (NEP) en el sector estratégico de la economía soviética. Sin embargo, en términos políticos, la industrialización se mantenía como un elemento indispensable para el avance hacia el socialismo.

El debate se centraba en las propuestas de industrialización y en la función que para ello debía jugar la agricultura. La polémica aparecía en torno a los criterios divergentes que se podían sustentar sobre el proceso a seguir, desde la situación existente hasta los objetivos a largo plazo. En esa polémica el margen de discrepancia era profundo e incidía tanto en las concepciones económicas y políticas de fondo que las respectivas posiciones sustentaban, como en las opiniones concretas sobre la NEP en vigor desde 1921.

Los partidarios de una industrialización acelerada criticaban la situación existente y el tipo de economía mercantil que predominaba; entre ellos el economista más relevante era Yevgueni Preobrazhenski, situado en la denominada “oposición de izquierdas”. Los partidarios de la estrategia de la NEP constituían la mayoría en los órganos dirigentes del Partido y del Estado, destacando de manera particular Nikolái Bujarin.

Durante los años que duró el debate sobre la industrialización tuvo lugar otro paralelo, y vinculado a éste, del cual no se va a ocupar el presente artículo, debate centrado en las posibilidades de construcción del socialismo en Rusia mientras no triunfase en otros países europeos.

Las tesis de Bujarin

Ante una economía mercantil agraria, con creciente desempleo y subempleo encubierto (en las zonas rurales), y sin posibilidad de acceder a financiación exterior para invertir en el sector industrial, según Bujarin no existía otro camino que el de la utilización eficaz de los recursos disponibles, basando el crecimiento económico durante una fase transitoria en el sector agrario. De este modo, la limitada base de acumulación exigía una prolongada transición hacia la industrialización a gran escala de la economía soviética. Esta era el contenido fundamental de las tesis Bujarin.

El crecimiento agropecuario proporcionaría alimentos para la población urbana, materias primas para la industria y exportaciones para cubrir las compras de bienes manufacturados y tecnología del exterior; además, la agricultura se convertiría en el principal demandante de bienes de consumo y medios de producción fabricados por la industria. Para Bujarin, cualquier transferencia de recursos que mermase la renta agraria solo conseguiría retrasar el propio desarrollo industrial.

El problema de la acumulación en la industria socialista se presenta necesariamente ligado al problema de la “acumulación” en la economía campesina, que es el mercado de la industria y que representa la totalidad de las unidades productivas que deben integrarse en la economía estatal y someterse a una gradual transformación.

Si se diera prioridad al empleo industrial, se necesitaría un incremento de la inversión estatal, en detrimento de la producción agraria (de alimentos) y, por tanto, el incremento de la demanda de alimentos por parte de los trabajadores empleados en la industria. Se crearía así un desequilibrio que daría lugar a tensiones inflacionistas o a la necesidad de importar alimentos —en detrimento de las compras industriales. Ambas consecuencias se convertirían en nuevos obstáculos para el crecimiento económico y la propia industrialización.

Dentro del sector agrario, se debería dar preferencia al progreso técnico, que mejorase el rendimiento por superficie, y no al incremento de la productividad por persona, debido a que se necesitaría una mayor mecanización, que en aquellas circunstancias significaría un mayor desempleo agrario.

En el sector industrial, la producción debería centrarse en las ramas de consumo que fuesen intensivas en trabajo, ahorradoras de capital y susceptibles de conseguir un mayor crecimiento a corto plazo. Se trataría de ramas vinculadas a la agricultura, de modo que ambos sectores productivos quedasen paulatinamente articulados y que el crecimiento de las rentas agrarias y urbanas ejerciese un mutuo efecto positivo, creando mercados para sus producciones recíprocas:

La acumulación en la agricultura significa la demanda creciente de productos de nuestra industria. Lo que, a su vez, estimula un fuerte desarrollo de nuestra industria, lo que produce un efecto positivo sobre la agricultura.

Siguiendo ese razonamiento, sería un error impulsar un crecimiento rápido de los medios de producción porque inmediatamente habría escasez de insumos productivos y se acentuarían las tensiones inflacionistas. El crecimiento de las ramas de medios de producción (industria pesada) sólo sería viable cuando creciesen las ramas ligeras y éstas demandasen bienes pesados. Sólo en ese momento podría verificarse un crecimiento acelerado, se alcanzaría una productividad elevada y el tamaño del mercado se ampliaría notablemente.

El diseño estratégico determinaría una visión concreta de la política económica que conducía a la profundización de la NEP:

  1. Necesidad de nuevas medidas que favorezcan el crecimiento de la renta agraria.
  2. La reorientación de las inversiones estatales hacia las ramas productoras de bienes de consumo.
  3. La selección de las inversiones estatales dirigidas a la industria pesada, dando prioridad a la construcción de infraestructuras que sirviesen de apoyo a la agricultura y a las ramas ligeras (bienes de consumo).

Los defensores de los planteamientos de Bujarin consideraban que éstos eran los únicos posibles por razones económicas y políticas. A su juicio, así se permitiría un crecimiento económico equilibrado y se ampliaba la dinámica de acumulación, a la vez que se garantizaba la continuidad de la smitcka (alianza obrero-campesina), el núcleo político central de la Unión Soviética.

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