Mujeres de Octubre (III). Alexandra Kollontai. Juventud y obra literaria

» Viene de la Segunda Parte: Mujeres de Octubre (II). Primeros decretos revolucionarios

Sería imposible hablar del papel de las mujeres y su participación en la Revolución Socialista de Octubre sin mencionar, antes que a nadie, a Alexandra Kollontai. Su figura es sin duda una de las más relevantes de este período histórico, no sólo por su condición revolucionaria, también como mujer pionera en el planteamiento de las intersecciones entre clase y género en la Rusia del momento.

En este primer texto de los dos que le dedicaremos nos centraremos en las primeras etapas de su biografía, haciendo también mención a su obra literaria. Dejaremos para la segunda parte la pormenorización de su actividad política durante su vida adulta, que merece un tratamiento específico. Sin embargo, para entenderla, conviene conocer primeramente  las etapas referidas a su infancia y juventud, momento en el que se forjó la personalidad de una de las revolucionarias más destacadas del siglo XX. De este modo podremos después comprender con mayor profundidad la obra política de Kollontai, que desarrolló durante su edad adulta.

Infancia y juventud

Alexandra “Shura” Mijáilovna Domontóvich nació en la ciudad de San Petersburgo el 31 de marzo de 1872. Su padre era un general ruso de familia aristocrática y origen ucraniano; mientras que su madre era una mujer finlandesa de origen campesino, cuya familia había prosperado notablemente en el negocio maderero.

Los primeros años de vida de Alexandra transcurrieron entre San Petersburgo y Finlandia. En las últimas décadas del siglo XIX, su ciudad natal era uno de los centros industriales más importantes de Rusia, por encima de Odesa, Kiev y Moscú. A medida que iba creciendo la industria, San Petersburgo se convertía en uno de los más importantes focos del movimiento obrero ruso. En esta ciudad tendría lugar la primera manifestación obrera de toda Rusia, en el año 1876, organizada por el grupo “Tierra y Libertad“, en cuyas filas se encontraba Plejánov. Así pues, su ciudad, su familia y el tipo de educación que recibió —su padre le despertaría el interés tanto por la historia como por las cuestiones políticas y sociales—, condicionarían su formación y desarrollo.

La sociedad rusa de finales del siglo XIX estaba caracterizada por fuertes tradiciones patriarcales, según las cuales era el padre quien decidía y controlaba la vida familiar, del mismo modo que el zar gobernaba el aparato estatal. La mujer era sistemáticamente relegada a un segundo plano. Pero la familia de Kollontai permitió a su hija tener acceso al máximo grado de educación posible, sin importar el hecho de que fuera una chica.

Entre la burguesía, de igual modo que en las demás clases sociales, el papel de la mujer se veía reducido a su dedicación a la crianza de los hijos e hijas. Para ello recibían una educación concreta, pero poco a poco irían cambiando los esquemas del pensamiento tradicional. Las mujeres pertenecientes a esta clase social darían forma a los primeros movimientos sufragistas femeninos rusos. El movimiento sufragista ruso, al igual que el desarrollo de la industrialización o el movimiento obrero revolucionario, fue muy superior en el resto de Europa. Pero cabe decir que estas primeras sufragistas rusas analizarían las causas tanto de la explotación femenina como del campesinado y la clase obrera de su país, adhiriéndose a los movimientos revolucionarios marxistas.

Irónicamente, los padres de una de las mayores revolucionarias de la historia temían que su pequeña fuese influenciada por estas corrientes ideológicas revolucionarias, ideas con las que sus compañeras de estudios podían simpatizar. Así pues, dispusieron que estudiara en casa. Sin embargo, no pudieron evitar que fuera conocedora en su adolescencia de los grandes problemas sociales que la rodeaban. Sería precisamente una de sus profesoras, María Strachova, colaboradora de un grupo de jóvenes de ideas revolucionarias de San Petersburgo, la que en gran medida influiría en el desarrollo de su espíritu crítico y su aproximación a los problemas de la sociedad rusa. Años más tarde, ambas formarían parte de un grupo de jóvenes de ideas revolucionarias y populistas. Otro de sus maestros fue el célebre historiador de la literatura Piot Petrovich Ostrogorki, director de la revista pedagógica Obrazovaine, que se transformaría en uno de los órganos legales de difusión del pensamiento marxista. Él fue quien la inició en el periodismo y la escritura, campo en el que realizaría una intensa actividad años después; y no sólo desde el punto de vista periodístico, sino también literario.

Durante su adolescencia, se esperaba de Kollontai un comportamiento social “adecuado“ a su formación y a la clase social a la que pertenecía. Pero esa formación había sentado las bases de un inconformismo que haría imposible dicho comportamiento y no tardaría en rebelarse ante las injusticias sociales. Sería de las primeras mujeres rusas que lucharían por la emancipación de las mujeres y de las primeras organizadoras del movimiento obrero femenino.

En 1888 se casó con Vladímir Lúdvigovich Kolontái, de quien tomaría el apellido con el que ha pasado a la posteridad. Su matrimonio fue por amor, no se trató de un matrimonio formalizado por su padre, por lo que se enfrentó así a las normas sociales de la época. Sin embargo, esta transgresión de las normas no supondría en realidad una gran liberación para ella. Al poco tiempo de casada, frustrada por su vida de esposa y madre, se empezó a relacionar de forma más intensa con la juventud revolucionaria de San Petersburgo. Uniría así su lucha como mujer en una sociedad patriarcal a la lucha de la clase obrera explotada por el capitalismo. Empezaba así la actividad y obra política de su vida adulta, además de su producción literaria.

Obra literaria

Además de llevar a cabo toda su actividad política, de ser la primera mujer de la historia en ejercer un cargo de gobierno y de desarrollar su pensamiento teórico en relación a la situación de las mujeres y la clase obrera; Kollontai tuvo tiempo para dedicarse a la literatura. Fue en sus obras literarias donde expresó, a través de la ficción, muchos de los planteamientos de lo que se llamaría la nueva moral sexual del contexto revolucionario que vivía Rusia. Sus ricas experiencias personales y amorosas —en 1926 escribiría unas memorias tituladas Autobiografía de una mujer comunista sexualmente emancipada— serían la materia prima con la que elaboraría diversos textos tratando las cuestiones sentimentales no sólo como hombres y mujeres, sino también entre camaradas.

En 1927 publicó la novela titulada La bolchevique enamorada. En ella, una protagonista femenina caracterizada por su entrega a la causa revolucionaria se enamora de uno de sus camaradas. Con la historia de esta relación, Kollontai exploraría los desajustes que podían surgir en un contexto donde las mujeres, que habían dado un paso al frente como partícipes de la construcción de la nueva sociedad, aún podían verse afectadas por las viejas costumbres patriarcales dentro de sus relaciones sentimentales. Su novela es un texto militante, una crítica a los comportamientos que impedían la necesaria emancipación de las mujeres para la sociedad comunista.

En otro de sus relatos, titulado “El amor de tres generaciones” y que encontramos dentro de El amor de las abejas obreras, Kollontai hace un trabajo de análisis del cambio social, representando la vida amorosa de tres mujeres: abuela, madre y nieta. La primera es la historia de una mujer que vive bajo las restrictivas costumbres de la vieja moral. La segunda presenta las vicisitudes sentimentales de una mujer en plena revolución social, debatiéndose entre las contradicciones de lo viejo y lo que está por venir. Finalmente, la última de ellas es la que ha asumido las nuevas formas de relación en las que el amor ha dejado de ser el objetivo de la mujer emancipada y activa en la transformación de la sociedad. Su última protagonista sentencia: “Me imagino que lo más chocante para usted será que haya tenido relaciones con algunos hombres simplemente porque me han gustado, aunque no estuviera enamorada de ellos. Pero fíjese: para enamorarse hace falta tener tiempo libre. He leído suficientes novelas para saber que para enamorarse hay que gastar mucho tiempo y mucha energía. Y yo no tengo tiempo”.

De igual manera, en el resto de sus relatos trataría también de forma crítica cuestiones tan relevantes como el aborto, la prostitución, las drogas, el desempleo o las consecuencias de la Nueva Política Económica. Como vemos, pues, su obra literaria está completamente inscrita en su contexto social y político. Es por esto que, más allá del placer literario, conviene aproximarse a ella como retrato de una época y de unas preocupaciones de gran importancia, especialmente para las mujeres, en un momento que marcaría la historia de la humanidad.

» Continúa en la cuarta parte: Mujeres de Octubre (IV). Alexandra Kollontái: lucha y pensamiento político.