Crónica del acto de presentación de la Comisión Octubre en la Comunidad de Madrid

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El pasado viernes 10 de febrero, con un salón de actos del madrileño Centro Abogados de Atocha lleno, se realizó el acto de presentación de la Comisión Octubre en la Comunidad de Madrid. El acto, que ha cumplido sobradamente las expectativas con éxito, tenía como objetivo la presentación de la iniciativa de la Comisión del Centenario de la Revolución Socialista de Octubre, así como de su Plan 2017. A tal efecto, intervinieron, en este orden:

Antonio Saceda, en nombre de la Comisión Octubre en la Comunidad de Madrid, en cuya intervención resumió los objetivos de la iniciativa y las líneas generales del Plan de trabajo a desarrollar a lo largo de 2017, el año del Centenario (a continuación publicamos resumen de su intervención y vídeo).

Paloma López (miembro de la Comisión Octubre y eurodiputada), trazó en su intervención un interesante resumen de panorama político nacional e internacional, específicamente en el campo europeo, que se dibuja tras acontecimientos como las recientes elecciones en EEUU, la salida de Gran Bretaña de la UE o el creciente auge del fascismo, especialmente en los países europeos, tanto occidentales como del Este del subcontinente.

Paloma López destacó, además, la trascendencia de la resistencia de Siria frente al intervencionismo imperialista de EEUU y sus aliados internos y externos, que ha supuesto una fractura de la política exterior belicista de Washington, proclamando que no valen, desde la izquierda y las fuerzas progresistas y antiimperialistas, falsas equidistancias ante el conflicto sirio, ni tampoco equívocas equiparaciones entre potencias como Rusia y EEUU en el mismo, ya que la intervención rusa se produce en el marco de una decisión soberana del gobierno sirio, acorde con lo establecido por Naciones Unidas y los principios del derecho internacional.

Paloma López insistió en la necesidad de reconstruir la izquierda transformadora (uno de los objetivos de nuestra Comisión), en la calle y en las instituciones; poniendo el acento en el conflicto capital-trabajo y la obligación de defender a la clase trabajadora unificando las luchas. “Hay muchos conflictos pero el principal sigue siendo el conflicto capital trabajo”, afirmó.

Destacamos una frase que bien puede resumir su intervención en el acto: “Me declaro nostálgica de un futuro donde la izquierda vuelva a sentirse orgullosa de decir su nombre”. (A continuación publicamos vídeo de la intervención completa de Paloma López).

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Dos momentos de las intervenciones de Antonio Saceda y Paloma López

Paco Arnau cerró las intervenciones de la mesa que presidía el acto de la Comisión Octubre en Madrid con un resumen de los objetivos políticos de la conmemoración del Centenario, sus precedentes históricos y propuestas de futuro: “De dónde venimos para saber dónde estamos y hacia dónde vamos”. (A continuación publicamos la intervención de Paco Arnau y vídeo).

La última parte del acto consistió en varias intervenciones del público, entre ellas de un representante de la Asociación de Amistad Hispano-soviética, que saludó la iniciativa y explicó propuestas de su asociación para conmemorar el Centenario; y de un miembro del Foro Contra la Guerra Imperialista y la OTAN, que puso el acento en la necesidad de insistir en la solidaridad con la lucha de los antifascistas en Ucrania tras el golpe de ultraderecha y frente a la Junta golpista de Kiev.

El acto de presentación de la Comisión Octubre en Madrid, que debemos calificar como un rotundo éxito, finalizó con el canto de La Internacional por parte de todos los asistentes en pie con el puño en alto.


Intervención de Antonio Saceda (resumen)

Antonio Saceda explicó en su intervención las razones para poner en marcha la Comisión del Centenario, articulada en torno a tres ejes principales: la conmemoración, la reivindicación y la organización.

Conmemorar un acontecimiento verdaderamente histórico, la Revolución Socialista de Octubre, que cambió el curso de la historia y marcó todo el devenir político, social y económico del siglo XX. Un acontecimiento que desencadenó fuerzas que recorrieron el mundo entero. La Revolución Socialista de Octubre fue la primera revolución triunfante de la clase obrera, con la toma de todo el poder en sus manos y puso en marcha la construcción de un gran estado socialista, con la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y en abierta confrontación con el mundo capitalista. Conmemorar el nacimiento del Movimiento Comunista Internacional, al calor de la revolución, y de los partidos comunistas. Nacía así la Tercera Internacional o Komintern. El Movimiento Comunista Internacional fue el más influyente de todos los movimientos políticos del siglo XX.

Reivindicar la Revolución Socialista de Octubre no como un vano ejercicio de melancolía, sino como un hito en la titánica lucha para acabar con el capitalismo y construir una sociedad sin explotadores ni explotados. Reivindicar los valores de la Revolución de Octubre, casi treinta años después de la desaparición de la URSS, y transmitírselos a las jóvenes generaciones, en un momento de claroscuro, en que lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir, por decirlo con las palabras, tan traqueteadas y manipuladas, de Antonio Gramsci. Reivindicar la Revolución Socialista de Octubre en plena vorágine de la ofensiva de la globalización capitalista y de la renuncia de las exizquierdas a dar la batalla para ganar la hegemonía cultural, política y social, en lugar de sumergirse en “el sentido común general”, que como bien sabía Gramsci es siempre el sentido común de las clases dominantes.

Reivindicar la Revolución, poniendo en primer plano la contradicción capital/trabajo y la lucha de clases y articular todas las luchas en torno a esos ejes, en lugar de seguir deconstruyendo y fraccionando el capital liberador de las mismas, desde posiciones posmodernas, líquidas, interclasistas y liquidadoras, hoy hegemónicas en este desolador panorama de las exizquierdas. Reivindicar la Revolución Socialista de Octubre con un discurso fuerte, critico y nítido, en abierta confrontación con el capitalismo, en la calle y en las instituciones. Reivindicar la Revolución de Octubre, para reconstruir la izquierda y la influencia de los comunistas en el movimiento obrero.

Organizar, organizar y organizar, porque como decía Lenin la revolución se organiza. Es obligación de todos aquellos que se consideren comunistas, estar organizados y estar organizando. Y es voluntad de la Comisión del Centenario de la Revolución Socialista de Octubre contribuir, desde la modestia y sin sectarismos, a la reconstrucción. A continuación, Antonio Saceda pasó a desgranar en detalle el Plan de Trabajo 2017 de la Comisión, cerrando la intervención con las palabras proféticas y cada día más actuales de Rosa Luxemburgo: “Socialismo o barbarie”.


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Paco Arnau se dirige a los asistentes. [Fotos del acto: M. Asenjo]

Intervención de Paco Arnau

Camaradas:

Realizamos en la ciudad de Madrid este acto de presentación de la Comisión Octubre. Y para nosotros esto tiene un significado especial. Como proclamaba en sus versos el poeta de la República, don Antonio Machado: “Madrid, Madrid, ¡qué bien tu nombre suena / rompeolas de todas las Españas!”. Madrid es una ciudad heroica que, como la ciudad de Lenin poco tiempo después, Leningrado, se convirtió en símbolo universal de la resistencia al fascismo desde el principio hasta el final de la Guerra de España, con el enemigo a las puertas. Así mismo, quisimos celebrar esta reunión en un centro sindical cuyo nombre también nos suena a todos: Abogados de Atocha. Hace unos días conmemorábamos otro aniversario, el 40º aniversario de la matanza de Atocha, sindicalistas y comunistas asesinados por el fascismo por defender a la clase obrera en unos tristes días de enero de 1977.

En estos tiempos de revisionismo histórico en los que algunos pretenden echar tierra sobre la heroica lucha de la izquierda y de los comunistas durante el franquismo y la Transición y propalan consignas descalificadoras como “izquierda domesticada” —fruto de la ignorancia, de la mala fe o de una perversa combinación de ambos factores—, hemos de afirmar alto y claro que sentimos un inmenso orgullo y consideramos nuestro deber continuar la lucha de aquellos que, como los abogados comunistas de Atocha, lo dieron todo, hasta la vida, en esos tiempos de la Transición, que no fue ningún camino de rosas para miles de militantes que nos precedieron con admirable entrega a la causa de la libertad, la democracia y el socialismo. Así lo reconoció la clase obrera madrileña en las impresionantes honras fúnebres a sus abogados hace 40 años y así lo reconocemos nosotros ahora.

Decimos esto porque consideramos muy necesario hacer un análisis justo de la situación concreta de la fase histórica llamada Transición frente a esos revisionistas históricos que más bien parece que pretenden esconder sus propias vergüenzas lanzando proclamas descerebradas y descalificando la lucha de generaciones enteras de comunistas, la columna vertebral del antifranquismo, y que deberían ser un ejemplo para nosotros en la actualidad y no objeto de manipulaciones interesadas. Hace tiempo escribía:

“La legalización del partido comunista no fue (…) algo otorgado por un espíritu reformista o una graciosa dádiva, sino el resultado de un balance de fuerzas entre izquierda y derecha y de una recomposición de los equilibrios de poder de las clases dominantes. En los meses anteriores al 9 de abril de 1977, el país asistió a una de las mayores oleadas de huelgas y manifestaciones de su historia. Es destacable además que buena parte de las movilizaciones huelguísticas de la clase trabajadora en los centros industriales no sólo estaban motivadas por reivindicaciones salariales o estrictamente laborales, tenían también como eje la lucha por libertad, la democracia y la amnistía”.

Este acontecimiento histórico que acabo de citar, la legalización del Partido que fuera la columna vertebral de la resistencia antifascista en la clandestinidad durante casi cuatro décadas, sucedía poco después de la impresionante demostración de fuerza y firmeza de los trabajadores y los comunistas de Madrid en el sepelio de los abogados de Atocha.

Hay un hilo conductor entre todos esos acontecimientos referidos anteriormente, la lucha contra el fascismo y la intervención extranjera en España, la Victoria sobre el nazifascismo en la Segunda Guerra Mundial que protagonizó la Unión Soviética, la resistencia al franquismo y la lucha de los comunistas tras el cambio de régimen político: la Gran Revolución Socialista de Octubre de la que conmemoramos en 2017 su centenario, un acontecimiento histórico que —como la Revolución Francesa tiempo atrás— cambió el curso de la historia de toda la humanidad y definió la historia del siglo XX con la consolidación del movimiento más masivo y decisivo hasta la fecha: el movimiento comunista internacional.

Es muy necesario, por tanto, situar en sus justos términos de dónde venimos para saber dónde estamos y hacia dónde vamos. Vivimos tiempos oscuros llenos de monstruos, parafraseando a Antonio Gramsci, de confusión ideológica, de involución política y de retroceso evidente de derechos sociales conquistados por quienes nos precedieron. A esto lo llamaron “crisis” desde 2007… y, sorprendentemente, a sus devastadoras consecuencias lo llamaron “cambio” desde 2011. Alguien debió avisar en su momento que si la correlación de fuerzas es desfavorable, el cambio puede ser a peor, como así ha sido, de hecho.

Desde 2011 a esta parte se han sucedido procesos electorales que han venido confirmando una y otra vez la hegemonía de una derecha que no las tenía ni mucho menos todas consigo y que al final se ha conseguido asentar en el Gobierno. Todo ello coincidió con la irrupción de la mal llamada “nueva política”, que podríamos resumir para no extendernos, en movimientos de carácter interclasista o vertical (“transversal” se dice ahora) que no ponían en cuestión el sistema —recordemos que “No somos antisistema…” o “No somos ni de izquierdas ni de derechas…” fueron los primeros lemas centrales del 15M— y además atacaban sobre todo a la izquierda y sus organizaciones, desde entonces en una seria crisis organizativa y de identidad sin precedentes. Todo ello promocionado por los medios privados de comunicación de masas, en manos del poder financiero en su inmensa mayoría, que a su vez promocionaban en los platós nuevos líderes que parecían haber surgido de la nada. Quizá algún día sabremos cómo y por qué catapultaron a estos personajes sin trayectoria conocida al estrellato mediático. ¿Hubo en España una “primavera” involutiva planificada, como las mal llamadas “primaveras árabes”?, quizá algún día también lo sabremos a ciencia cierta, pero a los hechos nos remitimos.

Las consecuencias están a la vista: derecha en el gobierno y los aparatos del Estado, retrocesos laborales y sociales constantes, desmovilización y, en la práctica, la paulatina desaparición de la izquierda en las instituciones representativas centrales, autonómicas y municipales. Todo ello ligado a la irrupción mediática de una “nueva política” que, paradójicamente, se ha caracterizado por hacer ostentación de los peores vicios de la vieja política de toda la vida: el sectarismo y el fanatismo, el despotismo en ausencia de democracia interna en las organizaciones, las votaciones sin garantías democráticas básicas, el fulanismo y el caudillismo como principales reclamos del “relato” publicitario en ausencia de discurso político, la profunda incoherencia política propia del populismo (afirmar una cosa y la contraria como norma), la institucionalización, el espectáculo y el parlamentarismo como únicos ejes de la acción política, el oportunismo en las redes sociales llevado a extremos vergonzantes, las peleas de gallos entre jerarcas por el control de aparatos en ausencia de debate político, el clientelismo e incluso el nepotismo como forma de organización partidaria autorreferente, el clasismo y el elitismo indisimulados, ligados a una mentalidad reaccionaria y antiobrera, el anticomunismo y el antisindicalismo (bases de la ideología dominante)… y podríamos seguir hasta la extenuación.

Hemos dicho desde la fundación de la Comisión Octubre que «consideramos necesario romper con la actual dinámica antidemocrática que degrada y verticaliza las iniciativas políticas, reducidas a espectáculo y que no van más allá de lo estrictamente telemático y de los medios de comunicación privados, sumidas en un vórtice o agujero negro de intereses o ambiciones particulares (redes clientelares o lobbies sectarios como placebo de las luchas políticas y sociales, ahora dispersas y sin objetivos reales de transformación). Una perversión democrática que ha significado uno de los factores más negativos del actual proceso de liquidación de la izquierda y de voladura de la democracia interna en sus organizaciones: el “ordeno y mando” a golpe de clic, creando una ficción de participación donde no hay más que clubs de fans de caudillos o personajes promovidos por los medios privados, sin participación ni mecanismos democráticos reales en la toma de decisiones».

Hablando claro, se vendió como “proceso constituyente” (nunca se supo muy bien de qué), “cambio”, “confluencia” y hasta “unidad popular”, procesos disgregadores que, lejos de sumar o mutiplicar, han desmovilizado, restado y dividido, y no han significado otra cosa que la liquidación de la izquierda, la desmovilización social y, consecuentemente, la consolidación de la derecha clásica en el gobierno.

En  el plano internacional, hay un hecho reciente que debemos destacar: las elecciones en Estados Unidos. A este respecto, Nancy Fraser, profesora de filosofía y política y autora feminista estadounidense, afirma en su reciente artículo en el que analiza los resultados de las elecciones presidenciales en EEUU titulado «El final del neoliberalismo “progresista”» (lo de “progresista”, dicho sea con muchas comillas):

“El neoliberalismo ‘progresista’ es una alianza de las corrientes principales de los nuevos movimientos sociales (feminismo, antirracismo, multiculturalismo y derechos de los LGTB), por un lado, y, por el otro, sectores de negocios de gama alta simbólica y sectores de servicios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood). En esta alianza, las fuerzas progresistas se han unido efectivamente con las fuerzas del capitalismo cognitivo, especialmente el poder financiero. Aunque maldita sea la gracia, lo cierto es que las primeras prestan su carisma a este último. Ideales como la diversidad y el ‘empoderamiento’, que, en principio podrían servir a diferentes propósitos, ahora dan lustre a políticas que han resultado devastadoras”.

Más adelante, la profesora Fraser especifica para quién han resultado devastadoras estas políticas, iniciadas con la Presidencia de Bill Clinton: esencialmente, para el pueblo trabajador de Estados Unidos como consecuencia de la desindustrialización, en aras de una economía especulativa representada por el poder financiero. Es decir, Wall Street y Hollywood y el oligopolio mediático como aparatos de agitprop, en santa alianza con movimientos antes contestatarios y ahora despojados de cualquier traza de carácter transformador y anticapitalista.

Estamos hablando de una estrategia muy inteligente por parte del poder económico: la disidencia controlada, hasta el punto de controlar también las movilizaciones y los movimientos sociales. El laboratorio de pruebas de esta estrategia de disidencia controlada fue la antigua área socialista europea desde finales de los 80, con efectos igualmente devastadores para las condiciones de vida de muchos millones de trabajadores, como consecuencia de la restauración del capitalismo: conflictos religiosos e interétnicos que provocaron guerras en países como Yugoslavia o antiguas repúblicas soviéticas (donde antes hubo tolerancia y convivencia entre pueblos y culturas diferentes), rebrote de los integrismos religiosos y de los nacionalismos excluyentes, el racismo y la xenofobia, desmantelamiento de sistemas sanitarios y educativos públicos ejemplares, surgimiento de ejércitos de parados o de trabajadores precarios y empobrecidos donde antes había pleno empleo asegurado desde que los jóvenes finalizaban sus estudios, hundimiento de sistemas de bienestar, protección y seguridad social consolidados durante décadas y un largo etcétera…

No es casual, por tanto, que encuesta tras encuesta y de forma creciente en los últimos años, en la mayoría de esos países, la mayor parte de la población considere, sencillamente, que se vivía mejor antes del retroceso histórico que supuso la restauración del capitalismo.

Por primera vez desde 1991, estamos ante una crisis evidente de la fase imperialista actual del capitalismo, la llamada Globalización capitalista surgida tras la disolución de la URSS, y esto significa una oportunidad para la izquierda, los comunistas y las fuerzas democráticas y progresistas en Europa, tanto al Este como al Oeste.

La fractura entre capitalismo globalizado y proteccionismo es evidente no sólo tras las elecciones de EEUU, también en Europa con la salida de Gran Bretaña de la UE y también con el vuelco de la “política de las cañoneras” unipolar e intervencionista que ha supuesto la resistencia de Siria en la guerra provocada por EEUU, las petromonarquías y sus salvajes aliados integristas. Además, otro factor que da al traste con el capitalismo globalizado unipolar es el inexorable desplazamiento del centro económico mundial desde el eje atlántico (EEUU y sus satélites europeos) hacia el eje de Asia-Pacífico, con el auge de la República Popular China.

Por eso es necesario aquí y ahora reivindicar los valores de Octubre, más allá de un ejercicio de nostalgia. Volver a situar en la acción y en el debate político los valores de la paz, el progreso y el socialismo, así como reconstruir la izquierda y la organización de los comunistas. Porque sin organización no viven las ideas y en política no existe el vacío, lo puede acabar ocupando el fascismo y ese es un peligro evidente en estos tiempos en los que lo viejo no acaba de morir y lo nuevo aún no ha nacido.

Reivindicación y actualización de Octubre en nuestros tiempos como aportación necesaria a la imprescindible e inaplazable tarea de reconstruir la izquierda aquí y ahora y volver a situar las luchas, hoy dispersas, en el plano de la realidad: el conflicto capital-trabajo como elemento vertebrador y la lucha de clases, hoy casi abandonada a su suerte debido a la práctica incomparecencia de una izquierda política real tanto en la calle como en las instituciones.

En este sentido, la Comisión Octubre puede y debe ser un espacio de trabajo ­colectivo y de unidad para la reconstrucción de la izquierda transformadora, hoy en proceso de liquidación, y de la opción comunista en el movimiento obrero, hoy relegada al papel de comparsa (o en el mejor caso “sector crítico” marginal) de doctrinas interclasistas objetivamente involutivas.

Espacio de trabajo ­colectivo y de unidad para:

  • reconstruir una izquierda que defienda a la clase trabajadora como primer eje de su actividad política, en la calle y en las instituciones,
  • que luche por la paz y contra el imperialismo y sus guerras de forma nítida y consecuente, desde los principios irrenunciables de la solidaridad internacionalista, y claramente posicionada contra la OTAN y las bases militares de EEUU en Europa,
  • que apueste decididamente por lo público frente a lo privado, por la planificación económica y por la nacionalización de los sectores estratégicos de la economía como primer paso para la construcción del socialismo.
  • que rompa con las actuales dinámicas interclasistas o verticales (transversales) en los movimientos sociales y aspire a unificar las luchas, actualmente disgregadas o cooptadas por el poder, para así recuperar su carácter transformador,
  • plenamente comprometida en la batalla de las ideas para hacer frente a la ideología dominante y que defienda el derecho de los ciudadanos a acceder a una información veraz,
  • que recupere los valores de lo colectivo y de lo democrático frente al actual repunte del caudillismo y el sectarismo en las organizaciones,
  • que se enfrente claramente al fascismo, hoy en proceso de avance especialmente en Europa, así como el machismo, la xenofobia y los fanatismos excluyentes, ya sean de carácter étnico, nacional o religioso. En este aspecto, la recuperación de la memoria histórica democrática es la mejor vacuna contra el fascismo. Y nuestra iniciativa trabaja en ello.

Resumiendo: reivindicar en la actualidad el legado histórico de Octubre en el año de su Centenario y ser una herramienta eficiente que colabore en la necesaria batalla política e ideológica por la recuperación y ­reconstrucción de la izquierda.

Venimos de lejos —conmemoramos en 2017 cien años de la Gran Revolución Socialista de Octubre— pero vamos más lejos todavía.

Salud.


Vídeos de las intervenciones


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Enlace relacionado: Plan 2017 de la Comisión Octubre